SANT PAU DEL CAMP

Es evidente por el nombre (San Pablo del Campo), que en el momento de la construcción de esta pequeña iglesia, todo el Raval era campo. El monasterio se emplazaba pues, en la llanura que se forma entre la riera en donde actualmente se encuentra la Rambla (límite de la ciudad de la época, y Montjuic. La construcción del edificio que podemos visitar en la actualidad data del siglo XII, si hablamos de la iglesia, y del XIII para el claustro. Aunque encontramos elementos de siglos anteriores, entre el VI y el VII, en los capiteles de las portadas o fragmentos de muros incorporados a la estructura medieval.

No son muchos los edificios románicos que se han podido conservar en el núcleo urbano de Barcelona, más en una ciudad que creció tanto en el interior de sus murallas, rehaciéndose continuamente. Por ello quizá la iglesia de Sant Pau pueda entenderse como un valor hasta cierto punto único en la ciudad, a pesar de que existan restos u otros ejemplos menores, y de que, en el fondo, la forma tan limpia que podemos visitar hoy día se debe a las restauraciones y reconstrucciones que se llevaron a cabo a mediados del siglo XX.

Dada la densidad construida del distrito del casco antiguo de Barcelona, el pequeño terreno que ocupa la iglesia de Sant Pau del Camp, ha conseguido mantenerse como un espacio casi aislado donde todavía es fácil disfrutar de bastante tranquilidad.


LA HISTORIA

Lo cierto es que el origen del monasterio no está muy claro. El edificio sí que se asume como construido a lo largo del siglo XII, aunque que la existencia de elementos fechados con anterioridad es lo que induce a confusión. En un primer momento, al encontrarse en 1596 la lápida funeraria del conde Guifré II, se solía plantear la existencia de un templo anterior, fundado por el propio Conde de Barcelona. Esta idea se infiere a partir de que fuese él mismo quien decidiese ser enterrado en Sant Pau del Camp tras su muerte en el año 911, predilección que para muchos implica que hubiese sido el fundador. Sin embargo, la iglesia, está construida sobre un recinto funerario antiguo (como era común en muchos monasterios de la época), y el hecho de que los restos de Guifré II estén allí enterrados, puede significar predilección, pero no que él sea el fundador. No existen evidencias de ello, y los elementos constructivos previos a ésta época pueden indicar lo contrario.

Lo que sí está claro es que antes de la reforma que da a la iglesia el aspecto de hoy en día, por lo menos en cuanto a identidad general, existía otra construcción como mínimo del siglo IX. Es la entrada de Almanzor en Barcelona la que provoca su casi total destrucción en el 985, tanto del templo como de los documentos sobre el mismo, y abre la puerta a su posterior reconstrucción y ampliación. La refundación del templo data del 1117, tras una bula del papa Urbano II, que dejaba la pequeña iglesia en propiedad del Monasterio de Sant Cugat del Vallès. 

Esta condición de subordinación a una abadía hace que hasta el siglo XVII, Sant Pau del Camp se encontrase en un escalón menor en el orden jerárquico, lo que se conoce como un un priorato, es decir, un monasterio menor que depende del abad de otro de mayor tamaño. La comunidad de monjes rondaba los cuatro o cinco, llegando a doce en la máxima ocupación durante a principios del XIV.  Ya en el siglo XV, quedaba dentro de la nueva ampliación de las murallas, condición urbana que permite entender cómo la vida monástica no llegase a ocupar un papel tan importante. Si este pequeño conjunto llegó a destacar por algo fue por convertirse durante varios siglos en la sede de celebración de los capítulos de la Congregación Claustral de la Tarraconense. O lo que es lo mismo, el centro donde se reunían los abades de la mayoría de los conventos benedictinos de tierras catalanas.

Entre los siglos XVII y XIX, el monasterio sí llegó a ser abadía, al combinarse con el de Portella. La comunidad monástica se mantuvo hasta las primeras décadas del XIX, en donde, primero la Guerra de Independencia contra Francia, y las medidas durante los periodos liberales, acabaron por expulsar a los monjes. Desde este momento las instalaciones pasaron a estar ocupadas por el ejército o las tropas, alojar colegios públicos, estuvo cerca de ser vendido (por lo menos el edificio que se había construido sobre el claustro). En 1879 fue finalmente declarado monumento nacional, lo que no le salvó de pasar por dos incendios, uno en la semana trágica, y otro durante la guerra civil.

Situación, marcada con un círculo, del monasterio respecto a la ciudad y sus murallas.

Lápida de Guifré II

Monasterio de Sant Cugat, del que dependió históricamente el que aquí tratamos.

Dibujo del claustro realizado por Pablo Picasso

 

EL MONASTERIO

En primer lugar, es importante recalcar que gran parte de la forma actual del conjunto de la iglesia de Sant Pau, parece completamente coherente en estilo, no porque no haya sufrido grandes modificaciones a lo largo de su historia, sino que estamos ante una reconstrucción que pretendía recuperar el románico original del edificio. Sobretodo tras el destrozo que sufrió la iglesia durante la Semana Trágica y la Guerra Civil, se eliminaron gran parte de los añadidos posteriores, sobre todo de los siglos XVII y XVIII, completando los elementos dañados en una reconstrucción de estilo a semejanza de lo que se entendía como original. Lo que nunca se recuperó, y es una cuestión que parece lastrar el reconocimiento del románico, es la decoración interiór, profusa en colores y mosaicos que normalmente no dejaban toda la piedra vista ni mucho menos, como parece que nos hemos acostumbrado a verla en la actualidad. Esa austeridad románica está algo exagerada por cómo hemos tratado su arquitectura en la actualidad.

En todo caso, el resultado de esta limpieza y restauración es el edificio románico mejor “conservado” de la ciudad, paradigma además de lo que suponen los últimos momentos de la expresión de la versión catalana de este estilo medieval. En este momento además de las influencias de los maestros constructores lombardos, con elementos como las arcadas ciegas que recorren el exterior del edificio, encontramos restos de formas visigóticas, básicamente en las piedras grafiadas sobre las que apoya el arco de la puerta principal, y las figuras en mediorelive situadas en el tímpano y sobre el arco. Para terminar, como veremos a continuación, existe cierta influencia mozárabe en el diseño del claustro. Otro elemento representativo de la época en la que está construido es la combinación de dos formas de paramento como recurso para el embellecimiento de la fachada. Así, en la entrada principal de la iglesia es posible observar como la parte inferior de la fachada está construida con sillarejo (sillares pequeños labrados toscamente), mientras que la parte superior, los encuentros con la puerta y las esquinas están terminadas con sillares planos, generando un bonito contraste. Más allá del mero resultado estético, cabe señalar que este tratamiento más depurado de la piedra es indicativo de la progresiva mejora en las técnicas de cantería, en retroceso durante la Alta Edad Media frente a los artesanos y escultores clásicos, más como consecuencia del desabastecimiento de metal en dicho período (y por lo tanto de herramientas), que por pérdida de tradición.

El interior de la iglesia es deliberadamente sobrio, más por la restauración que por la propia elaboración original, que sí solía disponer de mayores motivos ornamentales. Presidido por la cúpula central, la planta tiene forma de cruz griega con tres ábsides que ocupan el lateral completo tanto del transepto como la zona central del cuerpo de la cruz. La planta está, como era habitual en la época, orientada de levante a poniente, y presenta claras asimetrías, ya sea por falta de pericia constructiva o por desinterés al considerar la proporción un elemento de menor interés. Esta falta de simetría es una situación que suele darse en la mayor parte de las obras construidas en el románico.

Si la iglesia se había reconstruido entera en el siglo XII, en el siglo siguiente fue construida una de las partes más interesantes del conjunto, el pequeño claustro adyacente. El claustro ha sido a lo largo de la historia un punto central en los monasterios: una zona de conexión entre la iglesia (la casa de Dios) y el convento (la casa de los hombres, en este caso monjes). Esta conexión espiritual se materializaba en términos prácticos como pasillo cubierto pero al aire libre, para el tránsito de un edificio a otro. Lo primero que llama la atención en este claustro son los arcos polilobulados que cierran el patio central, con tres o cinco lóbulos dependiendo del lado del cuadrado en que se encuentran, esta solución le confiere al claustro una característica única en la península, derivada de la influencia mozárabe que hace que no se utilice el típico arco de medio punto u ojibal. Soportando dichas arcadas encontramos cuarenta y ocho columnas geminadas cornoadas por otros tantos capiteles y que rodean el patio. En las distintas representaciones en piedra podemos ver sobre todo motivos ornamentales derivados del orden corintio, con hojas de acanto representadas de diversas formas. Aunque también encontramos animales fantásticos (pájaros con cabeza de hombre), luchas de guerreros contra monstruos, o incluso capiteles que escenifican escenas bíblicas (con Eva y la serpiente).

En la fachada de la iglesia encontramos los únicos elementos visigóticos al aire libre en la ciudad.

Arcos Polilobulados, y capiteles con distintos motivos.

La planta de la iglesia dista bastante de ser simétrica.

Forma del conjunto en su momento de máxima extensión.

Grabado del la fachada en 1868, poco antes de su declaración como monumento.

 

EL ROMÁNICO EN BARCELONA

Decía Josep Puig i Cadafalch, arquitecto, político, e historiador catalán, que la arquitectura necesitaba de un lenguaje propio en el que expresarse. Del mismo modo que los novelistas no pueden inventarse la lengua en la que escriben, los arquitectos necesitan de elementos que le permitan expresar aquello que pretenden transmitir, y que pueda entenderse en el contexto en el que trabajan. En este sentido, si la lucha política que mantenía por la identidad de Cataluña debía vehicularse, entre otras cosas, a través de la defensa del catalán, las raíces de la arquitectura catalana debían buscarse en las formas constructivas del románico (de hecho el gótico solo representaba, para él, un paso más en este mismo lenguaje). Era a partir de este estilo, que debía avanzarse en la creación de la nueva arquitectura.

Si bien observando varias de sus obras, no parece que ni el propio arquitecto fuera muy fiel a sus principios, esta idea si da cuenta de la importancia que el románico tiene para muchos pensadores catalanes. El problema es que en Barcelona han quedado pocos restos de este estilo, aunque todavía es posible dar un paseo por la ciudad en busca de algunos puntos interesantes, y Sant Pau del Camp funciona perfectamente como punto de partida:

Ejemplos de románico en la ciudad. (Click en la imagen para verlo a mayor tamaño)

Capilla de Sant Llàtzer

Todavía en el Raval, en la Plaça del Pedró, se encuentra una pequeña iglesia construida en el siglo XII anexionada a un hospital de leprosos (que debían instalarse fuera de las murallas). Quedó completamente encerrada entre edificios, pero actualmente la parte trasera de la iglesia puede observarse desde una pequeña plaza privada trasera, abierta para dejar libre el ábside, mostrando una vez más decoraciones de pequeñas arcadas ciegas en la linea de encuentro entre fachada y cubierta. Éste último, al contrario que la fachada que ha sufrido varios desperfectos, se mantiene aún hoy día en perfectas condiciones.

Capilla de Santa Lucia

Justo al lado de la catedral podemos encontrar una pequeña capilla vinculada al palacio episcopal, construida entre 1257 y 1263. Mucho más austera, sólo dispone de cierta decoración en la fachada principal, con las arquivoltas y las pilastras incrustadas que acompañan la puerta principal. El interior, al que no se puede acceder, aloja un par de sepulcros.

Capilla Marcús

En la calle Carders, en mitad del Born, encontramos otra pequeña capilla de la Mare de Deu Guia, conocida como la capella d’en Marcús. Su origen se debe a un comerciante, Bernat Marcús, que en el siglo XII cedió los terrenos y construyó un pequeño hospital para pobres, un cementerio, y la capilla que aún podemos visitar.

La fachada lateral presenta motivos lombardos similares a las otras dos iglesias, y en cuanto a su función tras ser desacralizada, se da la curiosidad de que llegó a ser sede de una de las primeras organizaciones postales de Europa. De hecho, se llegó a construir un segundo piso encima para ampliar el espacio, que fue posteriormente eliminado tras la primera restauración del edificio en 1954.

Convento de Santa Caterina

Poco queda de este convento más allá de los restos arqueológicos que todavía pueden observarse debajo del actual Mercado de Santa Catalina, ya dentro del barrio del Borne. El conjunto, como tantos otros, fue desamortizado en 1835 y transformado en mercado años después.

Monasterio de Sant Pere de les Puel·les

Limitando la extensión de la zona fuera murallas de la ciudad medieval (el otro extremo lo ocuparía Sant Pau del Camp), en la actual plaza de Sant Pere, encontramos algunos elementos del antiguo monasterio en la parroquia de Sant Pere. Del Monasterio de Sant Pere de les Puel·les solo quedan partes de la iglesia, pero totalmente reconstruida en un estilo neomedieval tras un gran incendio durante la Semana Trágica en 1909. El conjunto monacal ya había sido desamortizado en 1835 y transformado en presidio. Treinta años después se demolió el claustro.

De la construcción original, de finales del siglo X, queda un grupo de columnas y sus capiteles (en el MNAC) que inspiraron la nueva reconstrucción. Del claustro gótico posterior quedan algunos elementos conservados en diversos puntos, de hecho , hay una linea de arcadas que fueron trasladados a Terrasa. Finalmente es posible observar algunos restos de la iglesia dedicada a San Saturnino, anterior al siglo IX.

 

La capilla de Sant Llatzer llegó a servir como estanco durante un tiempo.

Segundo piso de la Capilla d’en Marcús. Tras el incendio de la Semana Trágica.

Grabado del convento de Santa Caterina, del que hoy quedan poco más que cimientos.

Sant Pere les Puel.les en 1909, antes del incendio que llevó a su definitiva transformación.

 

horario

Lunes a viernes: De 10.00h a 13.00h

Sábados y festivos: De 10.00h a 18.00h

Domingos: Cerrado

Agosto: Cerrado

precio

Entrada normal:  3 €
Reducida: 2 €

web

https://www.santpaudelcamp.info/www.santes

No se pueden comprar entradas desde la web.

¿Dónde comer?

Pachuco: Un pequeño restaurante mexicano, justo a la puerta de la entrada a Sant Pau del Camp.

OBSERVACIONES

  • Todos los sábados a mediodía (13:00) se realiza una visita guiada al interior del monasterio