HOSPITAL DE LA SANTA CRUZ

La estructura social durante todo el período altomedieval estaba caracterizado por una constante, la existencia de un porcentaje elevado de pobres. Este estrato social, dependía enteramente de la caridad, más cuando hablamos de cuidados ante enfermedades o problemas de salud. Distribuidos por la ciudad y fuera de las murallas encontrábamos pequeños hospitales, normalmente anexos a edificios religiosos, que se encargaban de los cuidados de estos enfermos. A partir de 1401, todos estos edificios separados unos de otros se unificarán en uno de mayor tamaño, el Hospital de la Santa Cruz.

Este hospital se mantuvo como tal hasta comienzos del siglo XX, lo cual nos deja cinco siglos de actividad (siendo una de las instituciones médicas con más historia de Europa), hasta que, con su capacidad totalmente desbordada en cuanto a población a la que atender y sin posibilidad de adaptarse a los avances de la medicina, fue sustituido por el nuevo Hospital de Sant Pau diseñado por Domenech i Montaner. El recinto llegó a convertirse durante los siglos previos a la guerra de sucesión en el centro neurálgico del barrio, junto a la casa de la Convalecencia (actual sede del Instituto de Estudios Catalanes), la sede de la Academia de Cirugía, y multitud de comercios que surgieron a su alrededor.

Un hecho bien conocido es como el hospital atendió, en 1926 a Antoni Gaudí tras haber sido atropellado por el tranvía. Con Gaudí como uno de sus últimos pacientes (al menos en términos relativos) el Hospital clausuraba su actividad en 1929, iniciando un proceso de adaptación que lo llevaría a ser equipado para servir de espacio para la Biblioteca General de Cataluña, y sede de la Escuela Massana, institución para la enseñanza de arte y diseño que nació con la transformación del Hospital de la Santa Cruz.


 

EL HOSPITAL COMO INSTITUCIÓN

La palabra hospital tiene la misma raíz latina que hotel, “hospes”. Aunque las denominaciones actuales estén claramente diferenciadas, esto no era así, por lo menos enteramente, durante la época medieval. De hecho el desarrollo de la medicina no permitía tratar demasiadas enfermedades, y lo que denominaremos hospitales estaban en muchas ocasiones más vinculados a cuidados paliativos (por llamarlo de alguna manera), proporcionar cobijo en determinadas situaciones de carestía, acoger a peregrinos que se encontraban que pasaban por una ciudad, o directamente separar a los enfermos del resto de la sociedad, situación muy habitual en el caso de los leprosos. Los hospitales por tanto estaban relacionados a la caridad que a su vez trataba de inspirar el catolicismo respecto a los más desfavorecidos y pobres. Por su parte, quien podía permitirse su propia manutención solía ser atendido en su propia casa, ya sea por un médico (aunque eran muy escasos), o por cuidados basados en procesos aprendidos por tradición oral.

En el caso de Barcelona, a partir del siglo XI habían ido apareciendo a lo largo de la ciudad una serie de pequeños hospitales vinculados a pequeñas parroquias, y en muchas ocasiones especializados en un solo tipo de, digamos, paciente. Con el progresivo crecimiento de la ciudad, los pequeños centros hospitalarios o asistenciales no lograban dar servicio a suficiente población, y a finales del siglo XIV, seis hospitales se unirían para formar una institución mayor: 

  • Hospital d’en Bernat Marcús, fundado por el comerciante del mismo nombre, y que era conocido por ser uno de los puntos principales para abandonar algún que otro bebé. Hoy en día se conserva una pequeña capilla que estaba anexa al hospital en una pequeña plaza del borne, nombrada como el mismo comerciante.
  • Hospital de masells (Santa Margarida), al que posteriormente se le anexionó la de Sant Llatzer, que es en la actualidad la obra románica más antigua conservada en la ciudad (en la plaza del Pedró); y que se ocupaba básicamente de leprosos.
  • Hospital de Joan Colom; fundado en el siglo XII por el canónigo y tesorero de Jaime I, Joan Colom. Este hospital para enfermos y peregrinos se situaba en el terreno donde se construiría el futuro hospital. En la capilla del hospital todavía podemos ver su estructura original.
  • Hospital d’en Vilar o de Sant Macià; muy cercano a la capilla de Sant Llatzer, pese a que atendía a cualquier tipo de enfermo, se hace una mención particular respecto a viejos y marineros.
  • Hospital d’en Pere Desvilar; más orientado en principio a dar alimentos a las personas necesitadas, aunque también acabaría atendiendo enfermos. Derruido para construir la Ciudadela.
  • Hospital de Santa Eulalia del Camp; destinado principalmente a acoger peregrinos y viajeros.

Pese a que no existan muchos documentos sobre el proceso previo a la unión de los seis hospitales, si se sabe que fue un evento de gran trascendencia social. Esta confluencia se produce en un momento de bonanza económica, mientras que el puerto de Barcelona era uno de los más importantes del mediterráneo, y en donde la capacidad de los pequeños hospitales se había visto sobrepasado por la llegada de gente de todo tipo a la ciudad. Para terminar, la situación del hospital se veía favorecida por la ampliación de la muralla para rodear todo lo que actualmente ocupa el barrio del Raval. Esta fusión implicaba la construcción de un nuevo recinto hospitalario que fuese capaz de dar servicio a los pobres y peregrinos de la ciudad. La cesión de la piedra que iba a servir en principio para construir un palacio anexionado a las atarazanas reales marcó el punto de partida de la construcción del hospital. En 1401 Martín el Humano (que si bien había sido el benefactor que cedió la piedra, su mote hace referencia a su enorme tamaño, no tanto a su bondad), colocaba la primera piedra.

Como curiosidad, cabe decir que una de las principales fuentes de financiación del hospital deriva de un privilegio real dado por Felipe II en 1587, que implicaba que cualquier representación teatral tuviese que estar gestionada desde el hospital, y por lo tanto los beneficios irían destinados a este último. Así, hasta 1833, sólo el teatro Principal (en la Rambla) tendría permiso oficial para acoger obras de teatro.

Para terminar no está de más recuperar una pequeña descripción de Barcelona en donde nuestro hospital le dota de una de sus características: “…me pasé de claro a Barcelona, archivo de cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única…”. Cervantes era quien escribía este comentario para ponerlo en boca de Don Quijote, lo que no sirve sino para recalcar la importancia que durante muchos años tuvo el hospital para la ciudad.

Imagen del hospital medieval en Brujas. Jan Beerblock (1778)

Situación de los hospitales en Barcelona. Plano realizado por Albert Cubeles

Imagen del hospital de peregrinos del «Llibre de la taula» (1674).

Dibujo del hospital d’en Marcus, realizado para el mismo libro.

Fotografía de una de las naves funcionando como hospital.

El Teatro Principal de la Rambla fue una de las principales fuentes de ingreso del hospital.

EL CONJUNTO HOSPITALARIO

El conjunto del hospital está formado por tres partes claramente diferenciadas, desde el norte, por la calle del Carme se accede a la primera parte, compuesta por la antigua casa de la Convalescencia y la academia de Cirugía, ambas construidas posteriormente, a partir del siglo XVII. A continuación, y como elemento más interesante encontramos las naves que forman el hospital medieval original. Finalmente, antes de salir hacia el carrer de l’Hospital, hay una pequeña iglesia y una serie de elementos añadidos con el paso de los años.

El núcleo principal del conjunto lo forman tres naves con un patio central a la forma de un claustro abierto. Pese a que comenzó a construirse en 1401, las ampliaciones estuvieron siempre supeditadas a una capacidad de financiación relativamente escasa, por lo que su construcción se extendió a lo largo de siglos. El mismo origen del edificio está vinculado a un acto de caridad por parte del rey Martí I El Humano, que cedió la piedra almacenada que estaba en principio destinada a la construcción de un nuevo palacio adosado a las atarazanas reales. A pesar de esto y a lo que arquitectura se refiere, a lo largo de sus ampliaciones las naves centrales mantuvieron el mismo estilo gótico con el que empezaron a construirse desde el comienzo.

La estructura es bastante simple: dos pisos sustentados en la parte de arriba con una sucesión de arcos diafragmáticos conectados por viguetas de madera, con arcos de medio punto en las esquinas; mientras que unas bóvedas de crucería muy rebajadas hacían lo propio en el piso inferior. Ambos techados todavía pueden observarse, bien visitando la biblioteca general (abierta al público en un pequeño sector) para el primer piso, o entrando en la biblioteca municipal que se aloja en la planta baja. El claustro por su parte está rodeado de tres pórticos con bóvedas de crucería apuntadas. En un principio el proyecto planteaba cerrar el patio formando un claustro. Una situación bastante común en las construcciones hospitalarias urbanas medievales, al fin y al cabo la idea en parte era separar a la población enferma del resto, y esta forma constructiva monástica encaja con ese objetivo. En última instancia, al no construirse finalmente la nave meridional, quedó con la forma de U que hoy podemos ver.

El abandono definitivo de la idea de darle al hospital esta forma de claustro interior cerrado puede situarse en la construcción, en 1568, de las dos grandes escaleras de acceso a los pisos superiores de las naves oriental y occidental. Estas escaleras arrancan del patio central del conjunto, decoradas en su inicio por una escultura de San Roque y otra dedicada a la figura de la Caridad. En un principio debían de estar descubiertas, pero posteriormente se crearían nuevas dependencias sobre ellas, que además permiten identificar claramente cierta diferencia estilística dado el espacio de tiempo entre que se proyectase la primera (la de la parte oriental), y la segunda, casi cien años después.

Finalmente los dos cuerpos que forman el primer bloque de edificios antes mencionado, cerrando el conjunto por el lado de la calle del Carmen, fueron añadidos bastante posteriores. Entre 1629 y 1680, con idea de dotar de un espacio de reposo y recuperación a los enfermos que tenían que dejar el hospital, se construía la Casa de la Convalecencia. Desde el zaguán del edificio se accede a un claustro conformado por una arquería de trazas renacentistas y una segunda galería o sobreclaustro de factura más clásica, coronado a su vez por una torre de reloj construida en 1940. En el centro de este patio una imagen de San Pablo esculpida por Luis Bonifaci se encarga de vigilar el conjunto. 

Para concluir el recorrido por el conjunto, saliendo de la mentada Casa de la Convalecencia (actual Institut d’Estudis Catalans) chocamos de frente con otro edificio, esta vez de formas neoclásicas. Construido a partir de 1762 por Ventura Rodríguez para albergar la Real Academia de Cirugía, y que hoy aloja el Colegio de Medicina y Cirugía, conservando en su interior una sala (o más bien un anfiteatro) de operaciones de la época.

Planta del hospital y alrededores eleborada por Francesc Renard en 1804.

En la planta superior, arcos diafragmáticos, y bovedas de crucería rebajadas para la inferior.

La diferencia de estilo entre las dos escaleras es claramente apreciable.

La sala de operaciones es la habitación más llamativa del edificio de la Real Academia de Cirugía.

LA POBREZA EN LA EDAD MEDIA

Frente a las construcciones hasta cierto punto majestuosas que nos han llegado a la actualidad, la vida de gran parte de la población en las ciudades tendía a estar vinculada con la escasez y la pobreza. La cantidad total de pobres varía a lo largo del tiempo, pero en algunos momento se asume que llegaba al 80% de los habitantes de Barcelona. En este contexto es que podemos llegar a entender la relevancia para la ciudad de una institución como el Hospital de la Santa Creu, tanto a un nivel de atención… como de prevención ante posibles revueltas de carestía.

Pero este concepto, sin embargo, no encaja totalmente con lo que entendemos en la actualidad. Si ahora definimos la pobreza como un valor económico, vinculado a la capacidad de consumo de bienes de primera necesidad (el umbral de pobreza se establece en base a la renta y el capital de un determinado sector de la sociedad), en la Edad Media se trataba de una idea más amplia. A esta noción de carestía económica se le sumaba cualquier situación de incapacidad física, social o jurídica que impidiese a una persona automantenerse. Por ejemplo, los niños huérfanos, los ancianos, o las viudas sin familia formaban parte de este grupo.

Podríamos establecer dos grandes formas de pobreza muy vinculada a la situación social, en base a si se consideraba una situación sobrevenida o ya dada. O lo que es lo mismo, si en algún momento habían pertenecido a alguna clase mejor establecida pero que por cualquier situación habían acabado viviendo en la pobreza. A este grupo se les suele conocer como “pobres vergonzantes”, y a su condición económica se le sumaba cierta deshonra personal que impedía que pudiesen mendigar de la misma manera que lo hacían el resto de los pobres. De hecho se creaban instituciones específicas para ayudar a este tipo de personas, como la conocida Monti di Pietat, de la confraternidad florentina de Buonomini di San Martino. En el caso de Barcelona la más relevante de este tipo fue la institución de caridad vinculada a la iglesia de Santa Maria del Mar.

Pero más allá de esta curiosidad, si existía una pobreza central, era aquella relacionada directamente con la enfermedad. Esta última implicaba la incapacidad de llevar a cabo cualquier trabajo diario, o niveles altos de inactividad, y por lo tanto se hacía imposible para la persona mantenerse con un sustento mínimo. Esta correlación entre pobreza y enfermedad era tan alta que para referirse a las personas atendidas en el hospital se utilizaban los dos términos indistintamente. Estos se podría decir que formaban el grueso de los atendidos por las instituciones de caridad. Aunque cabría mencionar un pequeño grupo más, aquellos que fingían la enfermedad. Haciéndose pasar por discapacitados, locos, leprosos o cualquier otra situación, intentaban sobrevivir mendigando o saltando de una institución caritativa a otra. Está situación estaba muy mal vista, hasta el punto que, dado que los enfermos eran las únicas personas que podían eximirse de trabajar, se pusieron en marcha diversas iniciativas de cara a diferenciar entre los pobres verdaderos, y aquellos, llamemosles, falsos. Un ejemplo en Barcelona lo encontramos en 1382, cuando se repartieron una especie de identificación hecha de plomo con el escudo municipal a todos los pobres y enfermos, aunque no dejaba de ser casi imposible distinguir entre quienes lo “fingían” y los que no.

San Lorenzo distribuyendo bienes entre los pobres. Ambrogio di Baldese (1380)

Imagen cotidiana de un hospital benéfico elaborada para un manuscrito en Italia.

La caridad queda representada en una de las esculturas del hospital.

La Pía Almonia era otra de las instituciones caritativas de la ciudad de Barcelona.

horario

Lunes a viernes: De 9.00 a 20.00 h

Sábado: De 9.00 a 14.00 h

precio

Tanto el acceso a las pequeñas exposiciones de la Biblioteca de Cataluña como el acceso a la biblioteca municipal es libre y gratuito.

web

Biblioteca de Catalunyabnc.cat

Real Academia de Cirugía y Medicinaramc.cat

Casa de la Convalecencia (IEC)iec.cat/

¿Dónde comer?

El Jardí: es el bar situado dentro del jardín del recinto, más interesante por lo agradable del sitio que por la calidad.

Bar Mendizabal: en uno de los laterales del edificio, una terraza con bocatas originales y más que decentes.

OBSERVACIONES

  • La Biblioteca de Cataluña es sólo accesible para investigadores, exceptuando una exposición situada en la entrada (por lo que es posible visitar el segundo piso.
  • La biblioteca municipal del primer piso está abierta al público.